Ayer te pregunté para qué eres compasiva…
Y la pregunta tenía un poco de trampa.
¿Recuerdas que dijimos que la compasión es el deseo de aliviar el sufrimiento?
Pues ese es su único para qué.
La compasión no tiene más propósito.
Es un propósito en sí misma.
Lo mismo que amar a una persona no tiene un objetivo.
Se ama, y ya.
Entonces.
Cuando eres compasiva para algo, no estás siendo compasiva.
Cuando tu compasión quiere obtener un resultado…
La realidad es que no estás siendo compasiva.
Otra vez.
Si yo te pregunto para qué eres compasiva con esa persona.
Y tú tienes una respuesta…
No estás siendo compasiva con esa persona.
Solo estás utilizando a esa persona para conseguir algo que tú quieres.
Algo como sentirte bien gracias que la otra persona se sienta un poco mejor.
O porque estás haciendo lo correcto.
Incluso aunque lo que quieres sea muy elevado.
Si estás siendo compasiva para ser mejor de lo que eres,
incluso para hacer un mundo mas amable…
En cualquiera de esos casos.
(Y todos aquellos que se te ocurran).
Cuando estás siendo compasiva para algo…
No estás siendo compasiva.
Hay una estrategia del ego detrás de esa aparente compasión.
Y eso no quiere decir que esté mal lo que haces.
Puede estar muy bien.
Seguramente está muy bien.
Pero hay que saber esto para ir un poco más allá.
La compasión no tiene otro para qué que ella misma.
Cuando es de verdad, la compasión simplemente sale de ti.
Emana de ti.
Sin objetivo.
Simplemente, es lo que hay en ti…
Y eso sale.
Por eso a veces parece que ser compasiva crea un conflicto en tu vida.
Porque no es compasión.
Disfruta el día,
Gerardo
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