El aprendizaje es confiar. Y…


Ayer te conté el aprendizaje de mi clase.


No el de los alumnos, que aprendieron lo que es la transferencia y la contratransferencia.


Mi aprendizaje.



De todo ese cúmulo de circunstancias que fabriqué.


Todo lo que tuve que hacer para retirar mis defensas.

Todo lo que tuve que hacer para hacer algo que ya había dicho que iba a hacer…


Pero que no estaba haciendo.


Todo eso para una única cosa:



Confiar.


Confiar en mí, sí.

Pero sobre todo, confiar en algo mayor que tú y que yo.

En eso que ordena el juego. 


Llámalo Dios, llámalo Conciencia, llámalo como quieras.



Alguien me había preguntado cómo llevaba la clase.

Y yo había dicho que había preparado algo…


Pero que fundamentalmente se trataba de confiar.


De no ser yo quien hiciera la clase.

Sino de dejar que fuera hecha por mí.



Pero llegado el momento…


Había demasiado control ahí como para que la clase pudiera ser hecha.


Si la clase tenía que ser hecha por algo mayor que yo,

Tenía que soltar de verdad todo ese control.


Y eso fue lo que pasó.



Mi aprendizaje en los últimos años consiste sobre todo en esto.


En confiar en eso que no puedes ver.

En quitarme de en medio.

En desaparecer para que aparezca el verdadero orden.




Da igual lo que hagas.

Preparar una clase online.

Organizar el trabajo de 75 empleados.

O de 2400.

Dar una conferencia.

Invertir en bolsa.

Asistir a una persona en un juicio…


Da igual lo que hagas, lo mejor es que no lo hagas tú.

Lo mejor es que te pongas en manos de esa inteligencia suprema que lo ordena todo.

Y que dejes que se haga a través de ti.



De todas formas, cualquier pensamiento de que lo tienes controlado es una mera ilusión…


Así que mejor confiar.


Disfruta el día,


Gerardo

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