Hola,
Ya sabes una de las consecuencias de tapar el enfado:
que los demás pasan por encima de ti.
Si a mi no me hubieran enseñado que no tenía que enfadarme, a lo mejor mi vida en el colegio hubiera sido otra cosa.
O a lo mejor no.
Pero creo que si.
Por esto.
Teníamos 14 años.
Ya iban años de pasarlo mal.
Nada parecía que fuese a cambiar.
Pero un día, algo pasó.
Víctor era un pringao que quería ser del grupo de los guays.
Ya sabes como funciona eso en el colegio.
Pues aquel día se metió conmigo.
Para ganar puntos.
No recuerdo el motivo, seguramente no lo había.
Pero aquel día, algo pasó, no se qué.
Se me cruzó un cable.
Aquel día Víctor se llevó todos los puñetazos que yo no había dado antes.
Vaya, creo que esto nunca se lo he contado a nadie.
Bueno, Víctor nunca fue del grupo de los guays.
Y a mi empezaron a dejarme en paz.
No se por qué me ha dado por contarte esto.
Lo recordé en Cádiz, durante la certificación.
El enfado reprimido y la tristeza crónica de la infancia.
A lo mejor contarlo aquí es terapia.
O a lo mejor es solo un ejemplo.
El enfado sirve para hacer algo.
Para ponerte en movimiento.
Valida tu enfado.
Y sobre todo, el de los niños.
No dejes que se quede tapado y se cronifique.
Y como el enfado, todo lo demás.
La tristeza, la vergüenza, el miedo.
Quizá un día vivamos en un mundo donde la lógica gobierne.
Pero este no es.
Este es un mundo emocional.
La emoción es la que dirige.
Por tanto, atiende a tus emociones.
Y con esto dejo ya de hablar del enfado.
Creo.
Disfruta el día,
Gerardo
———
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