Mañana veremos un ejemplo de hasta donde puede llegar el ego.
Con una condición.
Que aquí donde estoy tenga una conexión a internet suficientemente decente para permitirme recuperar sus mensajes.
Así que hoy te contaré otra cosa.
Esto es un secreto.
Un secreto a voces, porque en el fondo, todos lo sabemos.
Pero nadie parece querer recordarlo…
Así que es un secreto.
Un secreto que, además, sí lo recordases de verdad, lo cambiaría todo.
No solo a ti.
Cambiaría todo.
Todo el mundo.
Cambiaría tu forma de ver el mundo.
Tu forma de relacionarte con todo…
Y como consecuencia, cambiaría todo aquello que percibes.
Para bien.
Creo.
Quiero decir, que lo cambiaría en un buen sentido…
Porque dejarías de sufrir.
Pero a la vez, el mundo dejaría de existir.
Y eso probablemente se te hiciera un poco raro.
Vivir en un mundo que no existe…
Bueno, vamos a ello.
Te cuento el secreto.
La cosa es que nada existe.
Ni tú, ni yo, ni el mundo.
Nada de lo que ves, nada de lo que percibes.
Nada de lo que piensas, de lo que tienes, de lo que quieres.
Nada, ni nadie.
Tu familia no existe.
Tú no existes.
Todo es una ilusión.
Incluyéndote a tí misma.
Sí, ya sé que esto es muy fliper…
Por eso no hablo mucho de ello.
Todavía.
Pero tenemos que ir sabiendo que esto es lo que es.
Y hoy es un día tan bueno para ello como cualquier otro.
Mañana, si tengo una conexión a internet estable, volvemos a hacer como que el mundo existe.
De esto ya seguiremos hablando más adelante.
Disfruta el día,
Gerardo.
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