Soy compasivo y el otro se enfada (1)

Mira qué interesante esto, al hilo del correo de ayer.


Tú estás en tu camino.

Tan cómoda.

El otro está en su camino.

Embarrado hasta las cejas.


Y tú sientes que es momento de tender la mano.


Pero el otro va y se enfada.

Porque lo siente como ataque o invalidación.



¿Cómo discernir, entonces, cuándo y cómo tender la mano?



Yo me he visto montones de veces ahí.


Tanto en la situación del que está en disposición de ayudar…

Como en la de quien parece necesitar ayuda, pero se enfada.



Y lo único que puedo sugerir es una mirada compasiva.



Porque tirar del otro para arrastrarle a tu camino no es compasión.

Querer que el otro camine por un lugar diferente al que ha elegido no es compasión.

Olvidar tu camino y perderte en el barro con el otro no es compasión.



¿Entonces no puedo hacer nada?



Sí, puedes hacer algo.

¿Te imaginas que dependiera de los demás que el dalái lama fuera compasivo?


Puedes hacer algo, aunque no puedas hacer nada.



Puedes mirar con compasión.



Mirar con compasión ya es compasión.


La mirada compasiva incluye el conocimiento de que pase lo que pase, el otro y tú vais a llegar al mismo lugar.

Incluye la disposición a ayudar, pero también el respeto al proceso del otro.



Y sobre todo, la mirada compasiva incluye mucha humildad.


Porque, en el fondo…

No tenemos ni idea de lo que es mejor para el otro.



Según la escala de la conciencia Hawkins, ese enfado podría ser orgullo.

Y calibra 175.



Ya no es vergüenza.

Ni culpa.

Ni apatía.



A lo mejor solo le hace falta un poco más.


Como al niño que se cae mil veces antes de conseguir ponerse en pie.



Disfruta de ver ese despertar tan bonito,


Gerardo






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