Hola!
Ayer te contaba que los caballos ayudan a descubrir lo que somos.
A ver lo que somos realmente, de verdad.
Y descubrir lo que somos es lo mismo que experimentar lo que es Dios.
Y lo mismo que el Amor.
Todo es lo mismo.
Y todo eso es la felicidad.
Y la paz.
¿Y cómo pueden ayudar los caballos a eso?
Pues igual que lo hacía la simple presencia de Jesús.
Él no tenía que hacer nada.
Simplemente, él sabía quién era…
Él ya vivía en el Amor, en Dios.
Y dejaba que todo eso se mostrase a través de él.
Pues los caballos hacen lo mismo.
Ellos son.
No quieren nada, no intentan nada…
Porque ellos ya recuerdan lo que son.
Y es tan grande, y tan poderoso, lo que ellos son…
Que solo estar en su presencia ya hace algo en nosotros.
Tal y como pasaba cuando Jesús estaba por aquí.
¿Y por qué te cuento esto yo ahora?
Porque me he dado cuenta de que a veces pensamos cosas raras.
Por ejemplo, asociamos el trabajo con caballos con dolor.
Y no.
El trabajo con caballos nunca produce dolor.
Siempre repara.
Siempre cura.
Los caballos nos acercan a la todo eso que somos:
Felicidad, paz, Dios, Amor…
Presencia.
Todo eso se hace a través de la presencia, que es la puerta a lo que somos.
Y eso nunca puede ser doloroso.
Siempre repara.
Mañana le doy una vuelta a esto del trabajo con caballos.
Disfruta el día,
Gerardo
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