Parece ser…
Y digo parece ser porque no lo puedo asegurar.
Porque todavía no estoy al otro lado de esta experiencia…
Parece ser que si fuéramos capaces de perder el miedo a desaparecer, nos iluminaríamos de inmediato.
Igual que cuando alguien se ilumina, de inmediato pierde el miedo a dejar de ser.
Yo creía…
Pensaba…
Que no tenía miedo a la muerte.
Porque intelectualmente sé que la muerte no existe.
Que nos morimos, pero seguimos ahí.
Que no dejamos de existir.
Seguimos siendo.
Todo esto hace tiempo que lo sé.
Pero parece que aun no lo tengo integrado.
Por eso quizá aun no estoy iluminado.
El domingo se murió Cefe.
Y me sorprendí llorando un poco.
Y otras veces hubiera dejado de llorar.
Porque intelectualmente sé que él no ha muerto.
Y que no hay motivo para llorar.
Pero por algún motivo, esta vez no dejé de llorar.
Cuando me sorprendí llorando, me dejé seguir llorando.
Y de repente, no se cómo ni por que…
Me vi llorando por mis sobrinos.
Que tienen uno y tres años.
Y entonces me pregunté:
¿Qué pasa aquí?
Y lo vi.
Ahí estaba.
Ahí lo entendí.
El miedo a ser yo quien muera.
Y más allá de eso…
El miedo a dejar de ser.
Mi mente había hecho mil triquiñuelas para no ver eso.
Para no ver mi miedo terrible a dejar de ser.
A dejar de existir.
Eso de que la muerte no existe lo sabemos todos.
Pero una cosa es saberlo…
Y otra tener la confianza real en que eso es así.
En que todo el que se va sigue existiendo.
En que finalmente, llegado el momento, yo seguiré existiendo.
En que no puedo dejar de ser.
¿Has visto alguna vez de cerca ese miedo a dejar de existir?
¿A no ser?
Si lo has visto y quieres compartirlo conmigo lo agradeceré.
Yo estoy empezando a verlo.
A ver qué hago con él.
Disfruta el día,
Gerardo
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