Hola,
Hoy te cuento una cosa que no me apetece contarte.
Pero te la cuento porque viene al caso.
Sobre lo de querer es poder.
Esto es largo, que hoy estoy movidito.
Verás, mi familia es una familia muy llevadera.
No dan problemas.
Normalmente yo soy el que da guerra.
Pero hasta en mi familia cuecen habas.
Así que ayer me enfadé mucho.
Aunque no dije nada, me lo callé.
Y eso se sumó a una sensación de disgusto que viene desde hace tiempo.
Y que anteriormente fue de incredulidad.
Y antes, de negación.
De hacer como que lo que está pasando no está pasando.
Pero está pasando.
Y ya se bastante de esto para saber que lo que pasó ayer iba a pasar.
Porque siempre sabemos lo que va a pasar.
Lo sabemos todo.
Pero ese es otro melón que no vamos a abrir hoy.
El caso es:
¿Quería yo que pasara lo que pasó ayer?
Obviamente, la respuesta es que no.
Y sin embargo, pasó.
¿Cómo puede ser?
¿No contradice lo que he te venido contando estos días?
Pues no.
A ver si te lo puedo explicar.
Mira, lo que pasó ayer fue un paso más en una cadena de acontecimientos que vienen ocurriendo algunos meses.
O años.
Y yo quiero que eso se resuelva.
Y además, yo sé que tengo que hacer algo para que eso se resuelva.
Por varios motivos.
Porque yo soy el que escribe estos correos.
Porque soy el hermano que vive aquí.
(etc).
Entonces.
¿Quería yo que pasase lo que pasó ayer?
Aparentemente, no.
Pero…
¿Qué es lo que yo quiero?
Que se resuelva un problema que viene de hace tiempo, creciendo como una bola de nieve.
Para que los últimos años de la familia sean lo mejor que puedan ser.
Yo llevo mucho tiempo tratando de escurrir el bulto.
Dejándolo en manos de mi hermano, que es el suave, y de mi hermana, que es la experta.
Pero la vida es muy flipante, y no ha esperado 15 días a que nos reunamos todos.
Porque si espera, yo me vuelvo a esconder detrás de ellos.
Hasta había desarrollado una estrategia para ello (con mi sistema de pensamiento del ego, por supuesto).
Entonces, ¿quería yo que pasara lo que pasó ayer?
Aparentemente no.
Pero la realidad es que sí.
Si me hago responsable de mi, tengo que reconocer que lo que yo quiero es que esto se solucione bien de una vez.
Mi deseo real, profundo, es arreglar esto bien arreglado.
Y para eso tenía que pasar lo que pasó ayer.
Así que si quieres hacerte responsable de tu vida tienes que aceptar de una vez que nada puede pasar que tú no quieras.
Aunque aparentemente tú no quieras que pase lo que está pasando.
Si quieres seguir siendo una marioneta a merced de yo qué se qué destino, entonces sigue sin hacerte responsable.
Si es que después de leer estos correos puedes hacerlo.
Disfruta el día,
Gerardo.
———
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