El plan es que no hay plan

Ayer, en la certi.

En un ejercicio, pedí a una dama que me contase algo que la sacase de su sitio.


Y va y me dice que lo que le saca de su sitio es cambiar de planes.



Y no supe si reir o llorar…


Porque me acordé de lo que hice reír a Dios hace unos días.

Con mis planes para dar la clase.



Al final del ejercicio la dama llegó a una conclusión ya conocida para mí.


Que el plan es que no hay plan.

Que lo único que hay que pensar es el próximo paso.



Eso también me lo recuerda la francotiradora cada vez que la veo.


Que el plan es que no hay plan.


La francotiradora es un ejemplo.

Ella hace lo que tiene que hacer.

Por ejemplo, escribir libros.


Y ya está.


Lo demás no le importa.



Pues parece que eso es lo que más falta me hace recordar.

Por lo a menudo que se me presenta últimamente.



Bueno, pues después esa dama hizo una sesión.

A cuatro personas.


Sobre los pensamientos repetitivos.



Esa gente se quejaba.

Que los pensamientos repetitivos me atrapan.

Que no soy capaz de salir de ellos.

Que hacen que me olvide de sentir.


Que me tienen loca dando vueltas y vueltas sintiendo que todo va mal…



Que qué podemos hacer con esos pensamientos repetitivos.



Y aquella sesión estaba siendo muy seria.

Muy densa.

Muy de pensamiento repetitivo.



Hasta que apareció Nairo.



Mañana te cuento qué pasó entonces.

Y cómo terminó la sesión.


Y si, también tengo que contarte lo de ayer.

Porqué nos ayudamos tanto unos a otros.


Pero eso mañana.



Hoy disfruta que, por mucho que planifiques…


El plan es que no hay plan.


Gerardo

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