El juego se ordena del centro hacia fuera

Hola,


Nos pasa una cosa curiosa, a los seres humanos.

A menudo vemos las cosas distorsionadas.


Por ejemplo.

Con lo de ponerse en el centro.


Algunos seres humanos piensan que ponerse en el centro no está bien.

Que es algo malo.


Que ocupamos un sitio que no merecemos.

O que somos egoístas si ocupamos el centro.



Luego resulta que esos seres humanos son los que más insisten a sus hijos para que ellos sí ocupen el centro.



¿Y te has dado cuenta de lo que pasa después?



Pongamos un padre, en este caso.

En el centro de su vida está el trabajo.


Y el poco tiempo que no lo ocupa el trabajo, lo ocupan los hijos.


Él nunca está en el centro.

Pero dedica mucho tiempo a hablar a sus hijos para que ellos sí lo estén.



El resultado es…

Bueno, es bastante evidente.



Los hijos ocupan el centro de la vida del padre…

Pero no de la suya.


El centro de la vida de los hijos lo ocupa…


El trabajo, exacto.



¿Y por qué pasa esto?

Porque eso es lo que irradias.


El juego se ordena del centro hacia fuera.


Así que si tú irradias trabajo desde el centro, eso será lo que se extienda hacia fuera.



Los demás no reciben lo que dices.

Reciben lo que eres.


Lo que pones en el centro.


Por eso las palabras sirven de poco…

Y por eso no he escrito estos correos hasta estar seguro de estar en el centro.



Y aquí llevo toda esta semana, en el centro.

Haciendo lo que quiero hacer.


En el centro de un parque natural, recluido para terminar de escribir mi libro.



Ya te hablaré más de él.



Y tú…

¿Ya sabes lo que sería ponerte en el centro?



Disfruta el día,


Gerardo

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