Cuando tengas que cambiar de sitio una mesa…


Si tuvieras que cambiar una mesa de sitio…

¿A quién preferirías tener a tu lado?


¿A alguien que simplemente te acompaña mientras la mueves?

¿A alguien que sabe lo que pesa, porque ya la ha movido antes?

¿O a alguien que coge de una esquina y te ayuda a moverla?



Ahora ponte en la otra parte.



Quien tiene que mover la mesa es otro ser humano.


Y tú puedes elegir acompañarle, sin más.

Puedes elegir acompañarle sabiendo lo que ese peso significa…


O puedes coger por una esquina de la mesa y ayudar.



¿Quién quieres ser?



Ahora imagina que no se trata de mover una mesa.

Que son las situaciones dolorosas de la vida.


Estas cosas que a veces trae el juego.

Disgustos, decepciones…

La enfermedad.

La muerte.



¿A quién querrías tener al lado?


¿A quien siente simpatía?

¿A quien siente empatía?

¿O a quien actúa con compasión?



Y desde el otro lado…


¿Quién quieres ser tú?



Supongo que todos estamos contestando lo mismo.



Compasión.

Porque el ser humano sano y desarrollado es un ser compasivo.


La simpatía y la empatía son un quedarse a medias.

Un ser humano a medio desarrollar.




Esta es la respuesta a una dama que me escribió ayer.

Dudando.


Porque podría parecer…

Que si dos se ponen a mover una mesa, el cansancio es el doble que si lo hace uno solo.


Y no.


El esfuerzo es mucho menor.




Con las emociones pasa lo mismo.

No es lo mismo pasar un duelo sola que estar rodeada de compasión.

El dolor va a ser el mismo…


Pero el sufrimiento será mucho menor.



Mañana hablamos de por qué esta dama piensa así.

Porque es muy interesante.



Disfruta el día,


Gerardo

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