Durante los últimos días hemos dado cinco pequeños pasos.
Hoy descansamos.
En los últimos meses, tres damas me han dicho que han dejado de recibir mis correos.
Y las tres por la misma razón.
Que no es que no les gusten.
Todo lo contrario.
¿Y cómo es eso?
Te explico.
Nuestro cerebro tiene muchos fallos de funcionamiento.
Está muy lejos de ser una máquina perfecta.
Aunque nosotros pensemos que lo es, no lo es.
Uno de esos fallos es que intenta completarlo todo.
Y si deja algo sin completar libera sustancias químicas que hacen que tú te sientas mal.
A menudo, esto está bien.
Por eso lo hace.
Es lo que nos lleva a terminar las cosas que empezamos.
Aunque no nos gusten.
Gracias a esto podemos tener un jardín ordenado y la casa recogida.
Pero…
Esto tiene un problema.
Si tú no gobiernas tu cerebro, él te gobierna a ti.
Y entonces tú quedas a merced de sus decisiones.
Decisiones que tu cerebro toma de forma automática.
Sin consultarte.
Sin preguntarse qué es lo mejor para ti.
Por ejemplo, dejar de recibir estos correos porque a veces se te queda alguno sin leer.
Como aquellas damas no leían todos los correos, su cerebro cortó por lo sano.
“Si ya no recibo estos correos, no podré dejarlos sin leer.”
Esto, al cerebro, le sirve.
Porque en realidad al cerebro no le importa que completes las tareas.
Le importa que no dejes tareas sin completar.
Entonces.
No leas todos mis correos.
Está bien así.
Recuérdaselo a tu cerebro.
Solo tienes que leer aquellos que lees.
No todos.
Mañana volvemos a lo que estábamos.
Y aprovecho para darte las gracias por estar aquí.
Disfruta el día,
Gerardo
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