El gran problema del ser humano en este juego es la confusión.
Nos confundimos mucho.
Por eso es importante ser compasivo con nosotros mismos.
Venir de Ser, a una experiencia de ser humano…
Es difícil.
Casi todo es diferente.
Empezando porque en este juego existe lo físico.
El cuerpo.
Los planetas, las casas…
Las mesas.
Lo físico solo existe en esta experiencia, en esta vida.
Esto genera confusión.
Por eso a veces ves seres humanos haciendo cosas incomprensibles.
Estamos confundidos.
Merecemos compasión.
Bueno, a veces la confusión está justificada.
Por ejemplo, la dama de la que hablábamos ayer.
¿Cómo puede confundirse y pensar que es mejor ser simpático o empático que compasivo?
Pues porque ha entendido mal la compasión.
Por eso seguimos con ella.
Compasión es acompañarte en tu dolor.
Porque yo comprendo tu dolor.
Y sobre todo, porque ese acompañamiento hace más llevadero ese dolor.
Compasión es mover contigo esa mesa que quieres cambiar de sitio.
La confusión viene cuando yo no acepto tu mesa.
Cuando yo no quiero que tú muevas esa mesa.
Entonces intento que no veas la mesa.
O yo quiero mover la mesa por ti.
Sin ti.
Cuando yo me creo demasiado el juego…
Creo que sería mejor que el otro no sufriese.
Entonces, hago lo imposible para evitarle ese sufrimiento.
El resultado es que sufro yo también.
Pero esto no es compasión.
Es confusión.
Confusión derivada de pensar que algo debería ser de otra manera.
Confusión derivada de pensar que lo que yo pienso que debería ser es mejor que lo que es.
Confusión derivada de pensar que esa mesa, ese sufrimiento, son reales…
Cuando no lo son.
Solo son parte de esta experiencia.
De este juego que es la vida.
Pasarse de compasivo no es compasión.
Es confusión.
Confusión derivada de pensar.
Disfruta el día,
Gerardo
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