Nadie llegó nunca un poco más allá sin moverse de su sitio.
Eso lo escribí yo ayer.
Y así lo creo.
Pero una dama me contestó para rebatírmelo.
Porque ella llegó a “nada”…
Sin moverse del sitio.
Y que es el mejor sitio donde puede estar cualquiera.
Y que intenta volver ahí con la meditación, sin moverse del sitio.
Y termina: para mí ese “nada” es más allá.
Yo no recuerdo los detalles de su “nada” particular.
Pero puedo imaginarlos.
Podría intentar describirlo, dentro de los límites de las palabras.
Porque he experimentado mi propia “nada”.
Pero me reafirmo en que nadie llega un poco más allá sin moverse de su sitio.
Aunque puede que no sea necesario moverse físicamente.
Esta dama trata de llegar con la meditación.
No me dice si así llega o no llega…
Pero eso ya es moverse de su sitio.
Tienes que hacer algo.
Ponerte a meditar.
Y después, dejar que se haga.
Porque esto también me lo trae esta dama:
Lo difícil es parar y dejar que se haga, ¿no decías tú eso en otro mail?
Sí, yo dije eso.
Y lo sigo diciendo.
Pero es que dejar que se haga también es moverte de tu sitio.
Porque nuestro sitio habitual es hacer.
Constantemente queremos hacer y controlar el proceso.
Cuando lo interesante ocurre un poco más allá…
Cuando te mueves de tu sitio y, simplemente…
Dejas que se haga.
Y entonces ocurren cosas.
Entonces llegamos un poco más allá.
En el caso de esta dama, ocurre “nada”.
Y sí, es el mejor sitio donde puede estar cualquiera.
Por eso merece la pena ir un poco más allá, y hacer cosas…
Para después dejar que se haga.
Disfruta el día,
Gerardo
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