Una dama me contestó a eso de la verdadera libertad.
Y dice que es la libertad de fijar tus principios y decidir quién eres.
Vale.
Suena bien.
Podría estar de acuerdo…
Pero no lo estoy.
Vamos a verlo.
Supón que la verdadera libertad es decidir quién quiero ser.
Y supón que yo no he decidido nunca quién quiero ser.
Por lo tanto, yo no soy libre.
Hasta aquí estamos de acuerdo, ¿no?
Yo, que hasta este momento no he decidido quién quiero ser, no soy libre.
Entonces.
Según esta dama, el hecho de decidir quién quiero ser me hace libre.
Y esto suena muy bien.
Pero no me convence por un minúsculo detalle.
¿Cómo puedo yo decidir quién quiero ser si no soy libre?
Esa decisión estará escasa de libertad.
No puede ser de otra manera.
Estoy decidiendo quién quiero ser basándome en mi falta de libertad…
Porque en el momento de decidir, todavía no soy libre.
Entonces.
Lo que Viktor Frankl nos cuenta es que podemos ser libres.
Sin más.
Sin tomar ninguna otra decisión.
Yo diría que no puedo decidir ser libre.
Simplemente, puedo ser libre.
Puedo decidir tomar la decisión de ser libre.
Y para eso tengo que hacer algo.
Como decidir quién quiero ser.
Vale.
Eso sí.
Puedo decidir tomar la decisión de ser libre.
Pero ser libre no puedo decidirlo.
Solo puedo serlo.
Y solo puedo serlo en ese instante del que nos habla Frankl.
Entre el estímulo y la respuesta.
Entre lo que ocurre…
Y lo que yo hago con eso.
¿No es muy brutal?
Pues por eso la certi y el coaching con caballos es tan brutal.
Disfruta el día,
Gerardo
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